Oraciones, Rezos
Para el
Comienzo del Estudio
La siguiente oración
se basa en Juan
20:22; 17:3
y Lucas
24:45 y debe repetirse cada vez
que se abre el Evangelio al capítulo y los versículos que se van a
estudiar enseguida:
“Padre Amado,
aquí estoy (estamos) ante tu divina Palabra así como estaban tus
impactados
discípulos en la noche
de la resurrección de tu Hijo Jesucristo. Te ruego (rogamos) en su
Nombre que de nuevo él sople sobre mí (nosotros) el Espíritu
Santo.
“Con
el Soplo de tu Espíritu, tu Hijo me (nos) coloca de inmediato en la
esfera divina. La plenitud del Amor Ágape, de tu paz, de tu gozo, de
tu santidad llega a ser mía (nuestra). Solamente en tal atmósfera
celestial mi (nuestro) espíritu y el tuyo son uno.
“Te pido
también
que Jesús ilumine mi
(nuestro) entendimiento para la comprensión cabal y profunda de tu
Palabra. Deseo (deseamos) conocerte a ti y a tu Hijo en esa forma,
pues su promesa es que sólo al conocerles en los Evangelios, y el resto
de las Sagradas Escrituras, comienzo (comenzamos) a gozar de la
vida eterna hoy aquí.
“Gracias
por
concederme (concedernos) estos inmerecidos favores.
“En
el Nombre de
Jesús. Amén.”
Para
No Pecar Más
Esta
oración—rezo--debe
repetirse al instante
que cualquier tentación, provocación, duda, temor, distracción,
auto-suficiencia, etc. se posa sobre la conciencia. Es la
oración—rezo--que nuestros primeros padres, Adán y Eva debieran
de haber orado al ser tentados a desobedecer al Señor en el huerto
del Edén. De haberlo hecho, el pecado no hubiera entrado al mundo:
“Prefiero a
Cristo por sobre cualquier cosa que eclipsa su belleza
incomparable. Sólo quiero verte a ti, Jesús mío. Nadie me ha
Amado nunca ni me Amará jamás como me Amas tú.”
Esta oración, rezo, es imprescindible sobre todo cuando se está estudiando la vida de Cristo en los Evangelios, dado que todas las fuerzas infernales se oponen a tal acto sagrado.

